Es otra mañana otoñal.
Nueva, como flor aún encapullada.
Fresca, como agua de algún manantial.
Ya desperezaban los gorriones más madrugadores.
Yo despertaba con los primeros sonidos y olores.
Los cristales del ventanal, empañados todavía
Con las últimas gotas de rocío,
Lloraban el ocaso de otra noche que ya no sería.
Anillos de aureolas de siete colores
Anunciaban con esperanza a un nuevo Rey por un día.
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